Esta mañana me ha despertado un mensaje. Una compañera de kundalini yoga estaba iniciando su parto. Es curioso, pero desde ese momento, me ha costado volver a conciliar el sueño. El mensaje me ha removido y de pronto he empezado a recordar ese momento que tan recientemente he vivido. 
Han sido muchos meses los que he estado preparándome a través del kundalini yoga y las clases de preparación al parto, para cuando llegara mi momento. 
La verdad es que los últimos días de embarazo el cuerpo te va avisando de que el momento se acerca y algo dentro de mí, me decía que me quedaba poco tiempo para disfrutar de mi barriguita y de la unión tan increible que supone tener a tu bebé contigo. Han sido 40 semanas de embarazo y sin embargo se han pasado volando… sobre todo desde el momento en que empecé a notar los movimientos de Vera. 
En cuanto a mi idea del parto… a diferencia de lo que muchos piensen…  empezó en el mismo momento en que noté la primera contracción fuerte. Eran las 00.00 de la madrugada cuando llegó la primera y con tranquilidad decidí irme a dormir y descansar todo lo que pudiera, aún sabiendo que ese era el comienzo de largas horas de espera. Tuve la suerte de contar con la compañía de dos personas muy especiales, mi chico y mi madre. Ambos se habían preocupado mucho por prepararse cada uno a su modo, y principalmente por saber qué era lo que yo esperaba de ellos en ese momento. Supieron respetar cada una de mis decisiones y sin agobiarme nunca, me ayudaron de la mejor manera posible, con su compañía, confianza, seguridad y apoyo incondicional. Asi que, pasaron las horas y conseguí dormir bastante entre contracción y contracción. En cada una, adoptando las posturas que más cómodas me resultaban y que tanto me habían aconsejado. Ya por la mañana, las molestias eran cada vez más seguidas pero sabía que todavía no era mi momento. Y así, aguanté hasta las 7 y algo de la tarde, cuando éstas empezaron a darse de 4 en 4 minutos aproximadamente. Fue entonces cuando les avisé de que estaba preparada para ir al hospital (bueno… creo que nunca se está preparado para ello). 
Tal y como esperaba la llegada al hospital remueve todo dentro de ti y desde luego, no ayuda. Los monitores puestos, la matrona sin idea de que me pudiera levantar de la cama, etc… Tras decidir que finalmente me pondría la epidural (algo que no tenía pensado hacer desde un principio), esto me ayudó a confiar un poquito más en mí y a las 00.10 de la madrugada, vi asomar la cabecita de mi pequeña. Recuerdo que los cinco o diez minutos escasos que estuve en el paritorio, tras cada intento porque mi niña llegara al mundo, sonreía… sabía que era cuestión de minutos el poder abrazarla. 
Y sí… lo único que salía de nosotros en ese momento era: !qué bonita es!. 
Creo que pocos momentos pueden resultar tan emocionantes como ese.

Nunca podré agradecer lo suficiente el apoyo de  mi madre durante todos esos días y el de mi pareja, que supo estar conmigo cada día, hasta el último momento. El tiempo en la sala de dilatación se pasó relativamente rápido con su mano siempre cogiendo la mía, y la energía que recibí de mi familia, que fuera esperaban ansiosos  conocer a Vera.

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