¡Ya estamos de vuelta!

Nuestro viaje a Almería llegó a su fin, aunque por suerte seguimos de vacaciones. Nuestro destino de este año llegó a nosotros casi por casualidad y ha resultado una verdadera maravilla. He de decir  que no recuerdo haber pasado tanto calor desde hace mucho tiempo (y eso que en Córdoba ya hace bastante) pero a pesar de todo han sido unos días fantásticos.

A medida que íbamos acercándonos a Almería pudimos observar del cambio de paisaje, ya que éste se iba volviendo cada vez más árido y desértico. Parecía que de pronto nos hubiéramos trasladado al lejano oeste. Unas vistas preciosas desde la carretera. Ya a la entrada de la ciudad, desde lo alto, pudimos ver la Alcazaba y el cerro de San Cristobal, que los días posteriores veríamos también desde la espalda de nuestro hotel.

Nuestro primer contacto con Almería fue la Plaza Flores, donde teníamos el alojamiento, en el hotel  Torreluz. Una placita que nos permitía tener a mano toda la zona del centro y así poder conocer la parte más antigua de la ciudad.

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Así, recién llegados, nos cambiamos rápidamente y nos fuimos a disfrutar de la playita. Ya que llegábamos a mediodía, decidimos ir a comer directamente a uno de los chiringuitos de la Playa de El Zapillo. La terraza del mar fue el lugar en el que acabamos, en el que disfrutamos de una comida bastante rica aunque nos pareció algo caro la verdad.

La tarde la pasamos allí mismo en la playa, disfrutando del solecito y refrescándonos ya que el calor era bastante sofocante ese día.

A la mañana siguiente, ya más descansados y con ganas de disfrutar a tope de Almería, pensamos en dar un paseo para conocer la ciudad y algunos de los lugares que habíamos leído como recomendación.

Así, comenzamos nuestro recorrido para llegar a la Puerta  Purchena, pasando por la Iglesia de Santiago. Justo en Puerta Purchena vimos la Casa de las mariposas, que es uno de los edificios más significativos de Almería, con su forma circular al frente y las mariposas que lo decoran y le dan nombre. En esta misma zona están los Refugios de la Guerra civil Española, que nos hemos quedado con las ganas de visitar porque no había sitio libre hasta el 15 de agosto ¡qué mala suerte!

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Continuamos bajando por el Paseo de Almería, repleto de tiendas y negocios y muy transitado además.  En una de las calles cercanas al paseo paramos un momento a ver la fachada del Mercado Central.  A Vera le llamaron la atención las estatuas de  hombrecitos sentados.

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De ahí cruzamos hasta la Rambla Obispo orberá y continuamos bajando hasta encontrar la Avenida Federico García Lorca. El paseo por esta avenida es imprescindible con sus plantas a los lados, las flores aportando tanto color y variedad a la rambla, sus fuentes y al fondo… la vista del mar con la amplitud de la Plaza de las velas y su obelisco. Además, en toda la rambla puedes encontrar entretenimiento para los más pequeños. Vera aprovechó para montarse en los balancines que encontramos por el camino, experimentar con todo aquello que tenía a su alcance, esconderse detrás de los lápices, hacer equilibrio por los bordes de las fuentes, etc Además, casi al final de la avenida, a la derecha vimos el conocido Chalet Montañés, que es el museo de arte de Doña Pakyta, aunque no llegamos a entrar.

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Desde allí, cruzamos la avenida para encontrarnos con el famoso Cable inglés que se encuentra en la Playa de las Almadrabillas. Era un antiguo cargadero de mineral que unía con la estación de ferrocarril. Es uno de los elementos más representativos de la arquitectura de hierro de Almería. Vera se lo pasó pipa saltando y corriendo por la zona al ser tan amplia y agradable para pasear.

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Cerca del Cable Inglés, en el muelle, nos llamó la atención un conjunto de columnas que pudimos ver después que era un monumento que representaba a los 142 almerienses que estuvieron presos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen, en Austria, y que no sobrevivieron. Por ello, se han levantado 142 columnas en conmemoriación de cada uno de ellos, siendo el monumento a la Tolerancia.

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Continuamos nuestro paseo uniendo con el Parque Nicolás Salmerón, en el que encontramos una figura del Indalo famoso de Almería. Este parque se encuentra entre el puerto y la zona más céntrica de la ciudad. Nos gustó mucho, aunque he de decir que el calor empezó a agobiarnos un poco y pasamos bien rápido por este parque. Desde ahí, continuamos hasta llegar a la Catedral, la cual fuimos bordeando hasta encontrarnos con la fachada principal y un montón de palmeras a su alrededor.

Por último, pasamos por el convento de las Puras, pero no nos paramos más. Esa misma noche, buscando un lugar para cenar, llegamos hasta la Plaza de la Constitución o Plaza Vieja, donde se encuentra el ayuntamiento y a mí personalmente me pareció uno de los lugares más bonitos para visitar de noche. Su luz en el centro, iluminando el monumento a los Mártires de la Libertad y los soportales que abrazan la plaza con su luz mucho más tenue me pareció un lugar mágico y con mucho encanto.

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Por cierto, para los que no lo sepais, Almería es un lugar de TAPAS, en la mayoría de los sitios al pedir cualquier bebida te ofrecen alguna tapa, pero tengo que recomendaros un lugar estupendo de tapas para cenar. Se trata del restaurante La Tahona, en la Plaza Vieja. Un lugar pequeñito, muy bonito y con las mejores tapas que he probado en estos días. Además, ofrecen tapas vegetarianas. Muy muy muy recomendable. Nosotros hemos repetido allí.

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Y con esto… nuestra visita a la parte más histórica y cultural de Almería. Continuaré contándoos otras partes de nuestro viaje a Almería- Cabo de gata.

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